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 El cine en la encrucijada de la educación
Victoria Camps. Fragmentos de la introducción de "El cine en el universo de la ética. El cine-fórum" (Javier González Martel, Anaya, Madrid, 1996).
El cine es, para nosotros, todavía, algo para llenar los ratos de ocio, no un elemento vivo e integrador del saber académico. Conviene corregir esa visión, porque el cine puede ser útil y enriquecedor para la enseñanza y porque, al igual que ocurre con la literatura, aprender a ver cine requiere un cierto esfuerzo. La historia del cine ofrece un potencial que ya no es lícito obviar al pensar en la educación.

La reforma del sistema educativo contempla la posibilidad de integrar al cine como materia a aprender. La pregunta es siempre la misma: ¿cómo se hace?; ¿por dónde se empieza?; ¿cuál es el enfoque?

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No sólo es aconsejable la enseñanza del cine, algo relativamente sencillo para el conocedor o el cinéfilo, sino que sería bueno interesar a los docentes en la enseñanza con y por el cine. Es posible utilizar el cine —y el audiovisual en general— como instrumento para enseñar todo lo que penetra mejor a través de la imagen. Y es posible explotar el mensaje pedagógico de un buen número de películas que ahí están esperando y solicitando tantas lecturas, comentarios, interpretaciones y notas a pie de página como los que han merecido las grandes obras literarias.

Lo que ocurre con el cine es que, además de nuevo, es un género más fácil que la literatura. Ver es más sencillo que leer. Lo es en apariencia. No todas las películas son iguales, ni todas merecen ese espectador pasivo que se limita a ver lo que le echen sin reaccionar.

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Integrar el cine en la educación significa enseñar a ver cine, enseñar a utilizarlo y a desecharlo cuando no tiene utilización posible porque sólo es basura. El cine, el buen cine, es algo más que un objeto de usar y tirar. Por eso importa saber discernirlo. Los gustos son, en efecto, subjetivos, pero dentro de un orden. No hay que olvidar que, en estos tiempos que todo lo mercantilizan, la calidad también es algo estimable.

Educar —lo he dicho muchas veces— es enseñar a vivir en la realidad que nos ha tocado vivir, y enseñar, al misino tiempo, a ser autónomos y críticos frente a ella. La educación no debe ser complaciente con lo que el mundo ofrece sino selectiva. El cine es un recurso importante en las sociedades desarrolladas. Un entretenimiento con el que hay que ser exigente y cuidadoso como con todo lo que vale algo. Educar en la autonomía y en la crítica significa dar pautas para aprender a distinguir lo que vale de lo que no vale. Algunas películas, como algunas obras literarias, ofrecen esas pautas sin decirlo explícitamente. La función del profesor es ayudar a descubrirlo y entenderlo.


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